“No es una Utopía acabada lo que deberíamos desear, sino un mundo donde los cambios colectivos mantengan viva y activa la esperanza y la imaginación”.

R. Bregman

El libro “Utopía para realistas” (2016) ha sido escrito por Rutger Bregman, un historiador nacido en Países Bajos considerado uno de los jóvenes pensadores europeos más destacados. En sus libros mezcla historia con filosofía y política.

En su libro plantea que la desigualdad contemporánea a nivel mundial es desbordante, considerando que como civilización se ha alcanzado una era de abundancia y en la que al mismo tiempo perviva la escasez de millones de personas. 

Ante esta gran paradoja Bregman (2016) plantea una serie de datos estadístico e históricos para argumentar que es posible tener otro modelo de sociedad, pero para ello, es necesario un cambio colectivo en la forma de pensar que lleve a imaginar, a tener esperanza, en que se puede cambiar (progresivamente) la sociedad y hacerla más igualitaria, a pesar de estar bajo el sistema capitalista.

De modo que, el autor explica que hay dos tipos de pensamiento utópico, el primero, es un modelo cerrado este plantea “una solución” a cierto problema y sus reglas de acción son inmutables que no aceptan disensión, algunos ejemplos de estas utopías terribles en la historia de la humanidad han sido regímenes dictatoriales como el fascismo y el nazismo. El segundo modelo utópico, es uno que no ofrece soluciones, ni respuestas correctas, sino guías de buenas prácticas y planteamientos de preguntas correctas, pero que no someten como una camisa de fuerza y que están abiertas al cambio, porque eso es lo inspiran, cambiar en la medida de lo posible la realidad. Además, el autor se refiere a las utopías como un principio de la democracia, al construirse de manera colectiva.

A pesar de los ejemplos de utopías cerradas en la historia de la humanidad y de su gran relato, Bregman (2016) menciona que no hay que renunciar por completo al sueño o deseo de un mundo mejor, aunque esto es lo que está ocurriendo en la humanidad según el autor. La falta de esperanza y expectativas es subestimar la capacidad de acción colectiva que tenemos como sociedad, y que ante esta desesperanza lo que queda es la tecnocracia, porque las instituciones (universidades, hospitales, escuelas) del siglo XXI en su funcionamiento, están reemplazando la calidad por la cantidad.

En el primer capítulo el autor plantea una idea descabellada según la lógica dominante actual, referente a “Por qué deberíamos dar dinero gratis a todo el mundo”, ante esto Bregman (2016) argumenta que el crear una renta básica universal, que no sea exclusivista, sino distribuir dinero gratis para todos y no como un favor, sino como un derecho, empoderaría al a población y sería un “camino capitalista hacia el comunismo. Una paga mensual, lo suficiente para vivir […] (p.40), sin inspectores que vigilen para ver si se ha gastado con sensatez el dinero, “[…] sin nadie que cuestione si de verdad nos lo merecemos. No más programas de asistencia y ayuda especial; a lo sumo una paga adicional para los mayores, los desempleados y los incapacitados para trabajar” (p.40). Con esta renta básica universal lo cual que es “justa” considerando que la prosperidad de la humanidad presente es el producto de luchas colectivas del pasado, se lograría poner fin a la pobreza.

Por lo tanto, el libro no ofrece un recetario para alcanzar la felicidad, el autor plantea que ni siquiera una Utopía acabada deberíamos desear, sino un mundo en el que la imaginación y la esperanza estén vivos y activos. De ahí, que se necesite de horizontes alternativos que activen la imaginación, ya que, si en el presente no se alberga la idea de algo mejor, la realidad se vuelven sombría, porque el ser humano necesita esperanza, cambio, acción.

A partir de esto, Bregman (2016) menciona dos consejo finales, el primero, es que el socialismo perdedor debe replantearse, es necesario combatir la jerga de izquierda académica porque lo que se necesita es llegar de millones de personas “corrientes”, tendrá que dejar sus ideas de superioridad moral, y “todo aquel que se considera progresista debería irradiar no sólo energía, sino ideas, no sólo indignación, sino esperanza, con una mezcla de ética y persuasión a partes iguales” (p.240). Y construir el “ingrediente vital” del cambio político del que ha carecido el socialismo perdedor: la convicción de que de verdad existe un camino mejor. Que la utopía está a nuestro alcance” (p.240). Y por último, el segundo consejo es que no nos dejemos que nos digan lo que es posible o imposible de realizar, porque si realmente se quiere cambiar el mundo se debe ser poco realista, poco razonable, y pedir lo “imposible”, como una semana laboral de quince horas, una renta básica universal y un mundo sin fronteras.  

“Los humanos no evolucionamos quedándonos siempre en el mismo lugar. Llevamos en la sangre el espíritu viajero. […] Por más perturbadora que sea, la migración ha demostrado una y otra vez que es uno de los mayores impulsores del progreso”

(Bregman, 2016, p.209-210).

“Necesitamos un nuevo norte, un nuevo mapa del mundo que incluya una vez más un continente distante, inexplorado: Utopía […] [es decir] horizontes alternativos que activen la imaginación”

(Bregman, 2016, p.28). 

El libro se encuentra disponible para préstamo en formato físico por encargo.

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